Construccion y Identidad Racial en America Latina

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| por AUDREY DUC

Research Associate at the Council on Hemispheric Affairs

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El racismo no constituye un fenómeno nuevo en América Latina o sea, la manifestación de ello ha ido transformándose y dándose a conocer en formas nuevas con el transcurso de los tiempos,  en concordancia con el desarrollo del continente. De acuerdo con la definición del Consejo Nacional Para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) órgano del Estado Mexicano creado por la ley federal de la Ciudad de México para prevenir y eliminar la discriminación– el racismo es “una práctica cotidiana que consiste en dar un trato desfavorable o de desprecio inmerecido a determinada persona o grupo, que a veces no se percibe , pero que en algún momento una persona ha causado o recibido”. En este contexto, de acuerdo con la CONAPRED “el racismo es una ideología basada en la superioridad de unas razas o etnias sobre otras”.  Hoy en día, es claro que no hay evidencia biológica de que hay un nexo entre la genética y los grupos raciales establecidos. De acuerdo a esta definición es importante analizar el contexto histórico para entender lo que fue el desarrollo de América Latina y lo que ocurrió durante su conquista.

Sin embargo, la discriminación racial sigue siendo una realidad social, económica, cultural y política  en América Latina, su erradicación implica un cambio estructural en el modelo de desarrollo y la cultura predominante. En el continente aún predomina una relación directa entre el color de piel de una persona y su posición socio-económica.

Históricamente, uno de los elementos que contribuyó en incrementar las jerarquías raciales y sociales en América Latina, fue la distribución desigual de las riquezas, o sea tanto el poder económico como político incluyendo, el cual estaban en manos de los españoles.  Las castas representan las variedades de mezclas entre las tres etnias de América la europea, la indígena y la afrodescendiente. A partir de eso, se forjó una sociedad colonial basada sobre la estratificación, los privilegios y los roles sociales entre las diversas comunidades. El expansionismo de la cristiandad  fue empleado por el imperialismo español como la principal defensa de la conquista de las originarias civilizaciones indígenas. Eso se nota en la distribución desigual del trabajo, de las riquezas y la raza.El mayor poder político y económico les pertenecía a los españoles que venidos de la madre patria, España. Mientras, que a los criollos, los cuales eran españoles nacidos en América que descendía exclusivamente de padres españoles o de origen español pero con una mayor educación, tenían una  influencia inferior en la política. En el tercer nivel, del escalafón se encontraban los mestizos: ellos estos eran artesanos o propietarios de tierras. En el último rango de la jerarquía socioeconómico se encontraban los africanos, los mulatos de sangre africana y española , los zambos de sangre africana e indígena encomendados a los trabajos manuales más duros en la minas en las labores de la agricultura.

Esta investigación busca analizar cómo ha ocurrido este proceso de creación para que esté fraguado en la mente de la gente además de otras formas de discriminación como la que es el que sufren la mujer,  y las personas de menores ingresos.

A pesar de que se ha escrito la historia de los progresos de la región como si fuera resultado  la existencia de una población blanca de origen europeo que liderara el avance hacia metas civilizadoras. Pero la realidad histórica es otra. Es que los países donde se forjó este fenómeno fueron  Perú, Colombia, Ecuador, Chile, y México sociedades en las cuales la mayoría eran una mezcla de mestizos, mulatos, indígenas y afro descendientes, y una minoría blanca.

De hecho, lo que llama la atención sobre los indicadores de discriminación de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), es que se estima que el 92 por ciento de los afrodescendientes en América Latina y el Caribe viven por debajo de las normas de pobreza, donde la marginalidad y la exclusión se han convertido en una característica estructural de esta población. Los países latinoamericanos en sus constituciones heredaron de la jurisprudencia peninsular la clasificación racial impuesta por el metrópoli España y Portugal, en la que la color de la piel blanca  y personas de los rasgos europeos.

Con el  objetivo comprobar este fenómeno , un grupo de investigadores de la ciudad de México han realizado un video en el objetivo de estudiar los efectos del racismo en la sociedad mexicana. El Consejo Nacional para prevenir la discriminación (CNPD) realizó este proyecto en el marco de la campaña llamada “Racismo en Mexico, prueba con niños”. Un estudio de investigación realizado con niños y niñas mexicanos/as, replicando el experimento de Kenneth y Mamie Clark psicólogos e investigadores afronorteamericanos especialistas en  sociología infantil, famosos por su rol en el movimiento de derechos civiles (‘The Civil Rights’) en los 1950s en los Estados Unidos. Los niños de la investigación  “ Doll test” tenían entre tres y siete años de edad. Los psicólogos les pidieron a los participantes que se identificaran con el muñeco con el cual sentían tener más características en común. Durante el experimento se encontró que una gran parte de los niños respondieron que el muñeco más bonito era el blanco.  Con estos datos los Clarks concluyeron que el prejuicio, la discriminación, y la segregación, han creado un sentido de inferioridad en los afrodescendientes el cual puede tener efectos perjudiciales y dañinos a largo tiempo en términos de su amor propio, al interiorizar los estereotipos y el racismo, al punto que ellos mismos rechazaban a su cultura propia.

Durante los 50 los EE.UU de acuerdo con la experiencia de los Clark, el 63 por ciento de los niños afro norteamericanos declararon que el muñeco al cual se parecía más era el niño blanco, lo que justificaba la falta de consciencia de su propia identidad. Sesenta años después, en 2009, después de la elección de Barack Obama a la presidencia de los  EE.UU, el programa estadounidense “Good Morning America” (Buenos Días América), programa de noticias y entrevistas producido por la división de ABC News, recreó el experimento de los Clark, con niños afroamericanos con la meta de estudiar la opinión que tenían de ellos mismos con la elección como el del primer presidente afro norteamericano del país. En este contexto, la respuesta fue diferente, ya que 80 por ciento de los niños declararon que el muñeco que tenía sus características era el de color negro. De hecho, como se puede explicar que un porcentaje alto de los afroamericanos respondieron así en comparación a México donde el experimento de los Clark hace 60  después sigue siendo relevante de acuerdo a las cifras del CONAPRED, o sea el 76 por ciento de los niños mexicanos respondieron que el muñeco que se parecía a ellos era el de color café.

De hecho, se puede explicar los resultados de la siguiente manera  la sociedad norteamericana empezó a cambiar desde los años sesenta (1960) donde los afronorteamericanos comenzaban a tener  una representación y participación más altas en la televisión, en el deporte, en la educación, en el poder político y económico. Contrario a esto, en la sociedad mexicana no hay alta representación de la comunidad indígena y de los afrodescendientes. A su vez, la ausencia de historia, de discursos y representaciones en los libros de texto de estudios, de la poca presencia de maestros y otros referentes positivos en el campo intelectual o científico, dificultan las posibilidades de autoidentificación de los estudiantes en sus aulas y con autores que estudian al no tener  referentes de éxito académico.

A la comunidad indígena le falta acceso al espacios de la élite, del liderazgo, a cargos electivos  y de toma de decisiones políticas. De hecho, según las cifras del organismo público autónomo encargado de normar y coordinar el sistema nacional de información de México, el Instituto Nacional de Estadísticas y Geográficas (INEGI), un 80% de los indígenas son pobres, el 85% de los discapacitados trabajan en mercados informal. Además , dos de cada tres adultos mayores se encuentran en rezago educativo, 8 de cada 10 mujeres han enfrentado violencia de género y el 22,2 por ciento de los indígenas mayores de edad  no cuentan con escolaridad.

Por eso, la idea de que “el racismo no existe” es una ideología que forma parte de América Latina, a pesar del creciente número de movimientos sociales en toda la región. El “mito de la democracia racial” brasileña que defiende que la mezcla racial en una población es un síntoma de armonía racial y la ausencia de desigualdades basadas en la raza sigue siendo influyente incluso entre eruditos y ciudadanos. En general con el objetivo de disminuir la discriminación y el rechazo de su identidad, las escuelas en Colombia, México, y Brasil decidieron diseñar programas de sensibilización permanente orientados a la deconstrucción del racismo y el endorracismo, así como, desarticular los valores negativos sobre las personas afrodescendientes, e  indígenas.

Por eso, la etnoeducación propone una política para promover la diversidad, para hacer que en las escuelas reconozcan las diferentes culturas, y para que de esta manera reconozcan e incrementen  la diversidad de sus estudiantes. Así mismo, la etnoeducación busca desarrollar una educación que responda a las características y necesidades de los grupos étnicos, por ende desarrollando la identidad cultural, la interculturalidad y el multilingüismo. La etnoeducación es una política pública que busca enseñar a la población desde sus primeros años de infancia que la educación debe reconocer la importancia de los logros de los grupos étnicos para hacer patria. Por supuesto, esta medida enfrenta como poco intercambio entre los servicios educativos y los pueblos de gente originaria; la dispersión de los pueblos y la inadecuada gestión administrativa. No obstante, más y más escuelas en América Latina van tomando cuenta la diversidad de sus territorios.

 

Additional editorial support provided by Research Associates JEHIVIAN HERNANDEZ, EUGENIA ROSALES MATIENZO, OLIVIA ANDERSON, KATHERINE LENAHAN, and Research Fellow WARREN BRADER.

 

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